"Así, todo está lleno de dioses. La tierra está llena de dioses celestiales y el cielo está lleno de dioses supercelestiales"
Proclo (412 - 485 d. C).

viernes, 28 de septiembre de 2012

Interrupción y referencias

"Que Dios abra los ojos de nuestros corazones derramando su divina luz: el reino angélico contiene el potencial de la creación futura, las existencias no corpóreas, el significado de todo y cada cosa por venir y el divino poder, es el elemento desde donde el mundo visible es creado, y, por lo tanto, el mundo material está bajo su influencia y dominio"
Muhyiddin Ibn Arabi


Debido a razones de tipo personal hemos decidido interrumpir la actividad de este blog. Pero dado que algunas personas han demostrado interés por el tema que comenzamos a desarrollar en el mismo, queremos dejar planteados algunos criterios orientativos, así como una bibliografía básica, para aquellos que quieran continuar la investigación por su propia cuenta.

En principio es importante tener claro que la angelosofía es el estudio de las realidades angélicas entendidas como mediaciones entre el hombre y lo Divino.

Pero al decir que los ángeles, en sus diversos grados y calidades, son 'mediaciones', no queremos implicar que se trate de mediaciones externas. Idea, esta última, que no resiste el menor análisis. Pues, un medio que fuera totalmente externo a aquello para lo cual es medio no podría, por su misma exterioridad, servir de mediación.

Para aclarar lo anterior basta con pensar en el tipo de mediación más exterior que existe para nosotros, la mediación corporal física. Un ejemplo servirá de ilustración:

Si un palo puede servir de medio para que la mano mueva algo que se encuentra fuera del alcance del brazo, es porque el palo se subordina ahí a un proceso intelectivo. Y es el proceso intelectivo, que es un proceso interior, el que establece la mediación, no el palo. Es la intelección, el pensamiento, lo que hace del palo un medio para un fin.

O dicho de otro modo, el palo mediatizado por el pensamiento trasciende su exterioridad inicial y se convierte, así, en medio para un fin.  

De modo que ahí el palo ya no es un mero palo sino que corporifica, literalmente le 'da cuerpo', a una ideación. Y, por lo mismo, en ausencia de intelección el palo permanecería, justamente debido a su exterioridad con respecto a la mano y al objeto a mover, totalmente indiferente e incapaz de realizar la mediación.

El ejemplo es burdo, sin duda, pero basta para introducirnos de manera fácil y rápida en el horizonte de comprensión, que no tiene nada de burdo, que ha de orientar el concepto de mediación en angelosofía: se trata de un horizonte en el cual existe, como enseñaban los sabios neoplatónicos, correspondencia entre ser, vida e intelecto. 

Así, para la angelosofía los ángeles no son meros seres empíricos, como los concibe el creyente ingenuo, pero tampoco son meras metáforas de conceptos abstractos, como los concibe el agnóstico racionalista, sino mediaciones interiores, vivas e inteligentes, entre el hombre y lo Divino.

Por lo tanto, la angelosofía es, a la vez, un camino de investigación teórica y un camino de conocimiento interior. Ya que las preguntas ¿existen los ángeles? y ¿qué son los ángeles? son inseparables de estas otras ¿qué significa nuestra propia existencia? y ¿qué somos nosotros?

Es decir, estamos implicados personalmente, y con nosotros todo nuestro mundo, en la pregunta por las realidades angélicas. Pues, como dice el sabio Ibn Arabi en el pasaje que citamos en el epígrafe, el reino angélico es: "el elemento desde donde el mundo visible es creado"

Otra cuestión general que es importante tener clara es que la angelosofía atraviesa distintas tradiciones de sabiduría. Por lo tanto debe reconocer en ellas los arquetipos constantes de la mediación angélica, sin negar las diferencias de expresión que los mismos adquieren al interior de cada tradición; pero, a su vez, sin quedar atrapada en las discusiones y antagonismos que dichas tradiciones mantienen, o han mantenido, cuando sus enseñanzas son reducidas al plano de la forma exterior.

Dicho de otro modo, y parafraseando las observaciones que Georges Vallin ha hecho respecto de las diferencias doctrinales de cara a lo que ese autor llama 'la perspectiva metafísica', perspectiva necesariamente unitiva: la universalidad de la angelosofía debe ser reconocida en el eje vertical de los arquetipos angélicos y no en el eje horizontal de sus formas de expresión en cada tradición determinada.

Es obvio que una concepción como esa genera resistencias, cuando no un franco rechazo, en las mentalidades dogmáticas. Pues el dogmatismo consiste, precisamente, en la identificación unilateral y absoluta del principio divino con su forma de expresión.

Por eso el dogmático no puede dejar de experimentar las diferencias de expresión de lo divino en diversas tradiciones como una amenaza a la verdad y autoridad espiritual de la forma a la cual él mismo adhiere.

Es decir, el dogmático pretende afirmar la universalidad vertical de los principios en el eje horizontal de las formas históricas; y así, inevitablemente, tropieza con la presencia de otras formas históricas que, por ser diferentes, parecen cuestionar la validez universal de las suyas propias.

Pero el estudioso de la angelosofía no necesita confrontar con el dogmatismo, en el cual, por otra parte, reconoce cierta necesidad y validez relativas, sino sólo mantener la perspectiva universalista del eje vertical de los principios angélicos sin negar la diversidad de sus formas de expresión en el eje horizontal de la historia.

Decimos todo esto, a fin de sugerir un horizonte general de comprensión que permita orientarse en la angelosofía eludiendo tres grandes tendencias que se encuentran al comenzar a estudiar las realidades angélicas.

A saber: la devoción ingenua, que reconoce las realidades angélicas pero ignora su dimensión intelectual; el racionalismo, que intelectualiza dichas realidades pero desconoce la dimensión viva e interior de las mismas; y el dogmatismo, que reconoce las dos dimensiones que las anteriores ignoran, pero pretende constreñir su estudio a las exigencias de la teología exotérica.

Finalmente, 'last but not least' como dicen, queremos ofrecer una bibliografía básica que sirva de guía a quienes se interesen por el estudio de la angelosofía en la perspectiva que aquí apenas dejamos esbozada.

Por razones prácticas no comentaremos la bibliografía. Pero confiamos en que una vez que el interesado comience a consultarla irá encontrando, poco a poco, y más allá de nuestro listado, la dirección necesaria para continuar su investigación.

Pues, si ni siquiera un palo, cuando sirve de medio para un fin humano, es meramente un objeto exterior, mucho menos un libro es meramente un archivo de información cuando sirve a la búsqueda y conocimiento de las mediaciones angélicas...

Aquí dejamos. Y agradecemos a quienes nos han visitado. Cordialmente.


BIBLIOGRAFÍA SUGERIDA:

General y de orientación:

- Necesidad de la angelología, por Henry Corbin, incluido en el volumen titulado La paradoja del monoteísmo {ed. Losada, Madrid - Bs. As. }

- Introducción a la vida angélica, por Eugenio D'Ors {ed. Editoriales reunidas S. A., Bs. As.}

Para un contar con un marco metafísico y ontológico:

- La paradoja del monoteísmo, por Henri Corbin {ed. Losada}

- Elementos de teología, por Proclo {ed. Aguilar, Madrid}

- Eneada V, Plotino {ed. Aguilar}

- La perspective metaphysique, por Georges Vallin {ed. Dervy-Livres, París}

- Los estados múltiples del ser, por René Guenón {ed. Obelisco, Barcelona}

Sobre las formas angélicas:

- Cuerpo espiritual y tierra celeste, por Henry Corbin {ed. Siruela, España); del mismo autor el capítulo Formas espirituales perteneciente al texto La configuración del templo de la Ka'aba como secreto de la vida espiritual, incluido en el volumen titulado Templo y contemplación {ed. Trotta, Madrid}

- Del Cielo y del Infierno, por Emanuel Swedenborg, particularmente las secciones 1 a 317 {ed. Siruela, Madrid}

Dicho sea de paso, la obra de Swedenborg es poco conocida, y sobre todo muy poco estudiada, en el mundo hispanoparlante. Uno de los que se han ocupado del visionario sueco es el profesor Antón Pacheco. Por lo tanto sugerimos consultar sus trabajos al respecto. Particularmente, dentro de lo que conocemos, nos parece muy interesante un breve texto suyo titulado Representación y concepto en Swedenborg {revista Epimeleia, año X, Nro. 19-20}.

Nosotros, a nuestra pequeña escala, hemos publicado algunos comentarios y reflexiones sobre Swedenborg, que tal vez le sirvan de orientación al lector. Están agrupados bajo el título Swedenborgianas en la sección Theosophia de la website La escaleraPinche para ir 

La angelosofía en el neoplatonismo:

- Eneada III, por Plotino {ed. Aguilar}

- Teología platónica, por Proclo. Existe una versión inglesa disponible en Internet: Pinche para ir

- Sobre los misterios egipcios, por Jámblico {ed. Gredos}. Hay ediciones digitales disponibles en Internet:  Pinche para ir


En el cristianismo:

- Escriturales: hay varios pasajes evangélicos que conciernen a los ángeles (entre otros: Mt. 1, 18-24; 3, 13-15; 2, 19-23; 4,1-11. Lc. 4, 1-3; 20, 34-36; 22, 43; 24, 4. Jn. 20, 12. Etc.), también en los Hechos de los apóstoles (p. ej. Hech. 12, 3-17; ), igualmente en las Cartas de Pablo (p. ej. Tes. 1, 7; Heb. 13,2) y son muy abundantes en el Apocalipsis de Juan (Apc. 1, 1; 5, 8; 8, 3; 20, 1-3; 21, 10-22; 22, 8. Etc.).

- Autores: muy especialmente La jerarquía celeste, por Dioniso Areopagita, incluido en sus Obras completas {ed. BAC, Madrid}

- Una exposición de la angelología de Orígenes se encuentra en el libro de Jean Daniélou dedicado al mismo: Orígenes {ed. Sudamericana, Bs. As. }

- Juan Escoto Eriúgena hace algunos comentarios muy interesantes respecto a la relación ángel-hombre, en su obra Sobre  las naturalezas {ed. EUNSA, Navarra}

- Tomás de Aquino es considerado una autoridad en el tema dentro del catolicismo romano. En lo personal no hemos profundizado su obra, pero sí conocemos, y sugerimos leer, los capítulos dedicados a las 'inteligencias' angélicas de su Compendio de Teología (Compendium): LXXV a LXXIX {ed. Hyspamérica, Madrid}

- En el esoterismo protestante es tan importante como enigmática la obra La Heptarquía mística, de John Dee. Existe una versión digital en español disponible en Internet: Pinche para ir

En el judaísmo:

- La obra de Gershom Scholem Las grandes tendencias de la mística judía, aunque no trata específicamente de la angelosofía, puede servir de introducción a las llamadas 'teosofías' judías; dado que es en ellas donde se ha desarrollado de modo más rico el conocimiento de las realidades angélicas {ed. FCE, España y Sudamérica}

De los textos teosóficos antiguos se puede consultar, por ejemplo:

- El libro de Henoch {ed. Obelisco}

-El Sefer Ha Razim. Disponible en inglés en Internet:  Pinche para ir

- El Libro de los hechos de Tobit. Disponible en español en Internet:  Pinche para ir

- El Apocalipsis de Abraham. En inglés disponible en Internet: Pinche para ir

En la Tanaj los pasajes que conciernen a los ángeles son muy numerosos. Por ejemplo: en el relato de Abraham y los tres hombres: Gn. 18, 1-33; en el relato de Agar: Gn. 21, 8,21; así como en: Gn. 32, 1-2; 22-32. Ex. 23, 20-25; Zac. 1-3. Y muchísimos otros.

- Una obra de conjunto sobre la angelología judía, sin duda útil aunque un tanto contaminada de racionalismo, se titula Reunión de Ángeles, por Morris Margolies {ed. Martinez Roca, Bs. As.}.   

En el Islam

- Los trabajos de Corbin sobre Avicena, Sohrawardi y otros teósofos musulmanes: Avicena y el relato visionario {ed. Paidós, Barcelona}; El hombre de luz en el sufismo iranio {ed. Siruela}; Tiempo cíclico y gnosis ismailí {ed. Biblioteca Nueva, Madrid}; y los artículos sobre profetología chiíta e ismailí y sobre Ruzbehan Baqli de Shiraz incluidos en El Imam oculto {ed. Losada}

- El divino gobierno del reino humano, por Muhyiddin Ibn Arabi; y que es la obra de la cual extrajimos el pasaje que utilizamos como epígrafe {ed. Almuzara, Murcia}.

En el vudú afro caribeño:

- Secrets of Voodoo, por Milo Rigaud {City Lights Books, San Francisco}

- Vodú, por Alfred Metraux {ed. Sur, Bs. As.}

En fin, sabemos que esta bibliografía es sumamente incompleta; pues de hecho no hemos mencionado al budismo, ni al mazdeísmo, ni a varias otras tradiciones de sabiduría, pero puede bastar, entendemos, para comenzar la investigación en cuestión.

martes, 11 de septiembre de 2012

La teofanía angélica como pedagogía


“El punto de partida de la pedagogía angélica es la angelicidad virtual del alma humana. Su culminación será la perfecta eclosión de la condición angélica”
Henry Corbin

“Vivir es gestar un Ángel, para alumbrarlo en la eternidad”
Eugenio D’Ors


En el post anterior intentamos una articulación mínima de la noción de teofanía angélica considerada en lo que llamamos ahí su 'lado celeste'. En este post abordaremos su lado terrestre; es decir la teofanía angélica considerada en relación a aquél para quien se manifiesta: el hombre.

Antes de avanzar cabe aclarar que si bien aquí vamos a ‘saltar’ entre tradiciones espirituales distintas, de ningún modo pretendemos anular sus diferencias. Sucede que por ahora estamos tratando las nociones básicas; por lo cual nos apoyamos en ciertas constantes reconocibles en textos de lugares y épocas muy distintas, a fin de ejemplificar dichas nociones.

Pero en algún momento esperamos poder hablar de las realidades angélicas tal como se comprenden al interior de las diversas tradiciones, o de algunas de ellas, y entonces saldrán a la luz sus diferencias. Las cuales, en algunos casos, son muy relevantes debido a las significaciones y valores a los que se anudan las cuestiones angelológicas dentro de la tradición específica.

Volviendo al tema del post, decíamos que había un lado celeste y un lado terrestre de la teofanía. Sin embargo, el sustrato de la teofanía es siempre la vida divina. Por lo tanto la distinción entre un lado o polo celeste y uno terrestre es legítima en tanto se conciba a esos lados o polos no como realidades independientes y extrínsecas sino como modalidades distintas de una misma manifestación.

En palabras de Juan Escoto de Eriúgena, un autor cristiano heredero de la tradición alejandrina:

“Dios recibe de Sí mismo los sustratos de sus teofanías –esto es de las apariciones divinas-, porque de Sí mismo y por Sí mismo y en Sí mismo y para Sí mismo existen todos los seres”

Cabe señalar que, a nuestro juicio, no se trata ahí de ‘panteísmo’, es decir de identificación lisa y llana entre Dios y el universo, sino de un horizonte de comprensión unitivo. Un horizonte en el cual el universo se revela como teofanía sin que eso suponga la abolición de las diferencias que se verifican al interior del mismo, ni suponga negar la trascendencia de su principio último con respecto a sus manifestaciones.

Ese mismo horizonte unitivo y teofánico aparece expresado, en otro contexto cultural y religioso, en una tradición islámica (hadith) que pone en boca de Allah las siguientes palabras:

“Yo era un tesoro oculto y quise ser conocido;
y para ser conocido hice la creación”

Es decir, el sentido de la creación es manifestar a Dios. Y al interior de esa gran teofanía universal se despliegan las mediaciones, y por lo tanto las diferenciaciones, que configuran la relación entre Dios, como tesoro revelado o conocido, el hombre y los ángeles.

Dicho esto, vayamos a nuestro tema puntual que es la relación entre el ángel y el hombre. Esa relación, entendida como lazo de solidaridad e intimidad, está atestiguada y representada en diversas tradiciones. En las cuales se enseña, de uno u otro modo, que los ángeles y seres divinos auxilian y guían a los hombres de muchas maneras; y, muy particularmente, los ayudan a realizar su vocación, es decir la misión principal a cuya realización esos hombres han sido llamados.

Esto último es de particular interés para nosotros, pues en esa función pedagógica, y es pedagógica en tanto propicia el cumplimiento de una vocación, se encuentra el arquetipo, la idea principal, que define la relación de los hombres, y de cada hombre en particular, con el ángel.

Esa idea arquetípica indica que el ángel es un pedagogo invisible, un alter ego celestial, que guía a cada ser humano y cada comunidad, en la medida que sean capaces de abrirse a su influencia, hacia el cumplimiento de su destino superior.

Pero, la palabra ‘destino’ no alude aquí a un decreto ineluctable y exteriormente impuesto sino a la realización de las posibilidades más altas de un ser. Destino, en este contexto, significa cumplimiento de las posibilidades esenciales, las más verdaderas, del ser de cada uno; así como de cada grupo o comunidad de seres que se encuentran ligados, justamente, por una afinidad de destino.

De modo que, como dice Eugenio D’Ors, el ángel asiste y orienta al ser humano en el desarrollo de los aspectos esenciales de su biografía.

Ese arquetipo pedagógico se reconoce, bajo distintos ropajes expresivos y conceptuales, en numerosos relatos simbólicos, doctrinas y testimonios experienciales en muchas tradiciones: en las fravartis del mazdeísmo, en ciertos dioses y dáimones greco latinos, en la Naturaleza perfecta del hermetismo, en el ángel de la guarda del cristianismo, en el dios maestro y custodio individual (Loi Maître d'l' Têt) del vudú haitiano, y en otras varias formas.

Un ejemplo de la asistencia del ángel en el cumplimiento del destino superior es la saga iniciática relatada por Virgilio en La Eneida. En ese poema épico, que tiene como eje los viajes y peripecias del héroe para cumplir su misión y obtener finalmente la recompensa de la inmortalidad, Venus, la diosa, inspira y orienta a Eneas, el héroe, ayudándolo de diversas maneras en el cumplimiento del noble destino que le ha sido asignado, pero al cual no podrá acceder sino a través de un largo rodeo, que incluye el descenso al mundo de los muertos, y con gran sacrificio y lucha.

Eneas ahí, hijo de diosa y hombre, ser celestial y terreno a la vez, aparece como un símbolo de las posibilidades implícitas en la condición humana. Pues el hombre es, justamente, el ser que, sensible y suprasensible a la vez, lleva consigo virtualmente los dos mundos, de la naturaleza y del espíritu, así como la posibilidad final de pasar del uno al otro.

Venus, por su parte, es ahí, aunque en otros contextos tenga otras significaciones, una figura del ángel personal y comunitario. Pues la diosa oficia en ese relato como ángel personal para su hijo Eneas, y también, de manera análoga a los ‘ángeles de las naciones’ de la Biblia, como guía y protectora celeste para la estirpe romana que su hijo debe fundar.

Dicho sea de paso, el hecho de que el arquetipo angélico se revista en La Eneida de una forma literaria es algo que suele confundir al academicismo racionalista. El cual, incapaz de captar el significado interior de los datos que estudia, no acierta a ver en la obra más que una emulación latina de Homero inspirada por motivos políticos y con fines de propaganda; y a reconocerle, como si fuera lo más importante, grandes méritos ‘artísticos’ y de estilo.

Pero dejemos esa cuestión y volvamos al arquetipo. Otro ejemplo del mismo se encuentra dentro del judaísmo en un texto conocido como ‘Libro de los hechos de Tobit’, que pertenece a los escritos denominados ‘apócrifos’.

La expresión ‘apócrifos’ proviene del griego ‘apocrypha’, que significa ‘oculto’, y se aplicaba a obras que en su origen circularon de modo discreto, ya que no estaban destinadas al vulgo sino a grupos de iniciados. Con el tiempo esa denominación se generalizó hasta abarcar todas las obras religiosas no incluidas en la Biblia.

El libro de Tobit fue escrito en siglo II a. C, y tiene el tono piadoso y doliente característico de la literatura judía del exilio. La humillación, la muerte y la fe conforman el telón de fondo de la historia. Se trata de un texto rico y que puede ser leído en diversos niveles de sentido. Aquí nos limitaremos a comentar solamente aquello que está más directamente asociado a nuestros fines.

El marco para la aparición el ángel, lo configuran, por un lado, la situación de Tobit, y por otro lado, la de Sara, su sobrina. Tobit se encontraba exiliado, ciego y privado de sus bienes. Y Sara, que vivía en otra ciudad, era la única hija de sus padres, y sufría porque un demonio asesinaba una y otra vez a todos los hombres que la pretendían como esposa; condenándola así a la soledad y la esterilidad.

En ese contexto, Tobit envía a su hijo Tobías a buscar un dinero que le debía su hermano, el padre de Sara y tío de Tobías, a fin de aliviar la situación de su familia. Y ese viaje es justamente la ocasión del encuentro de Tobías con el ángel.

El texto cuenta que cuando Tobías sale a buscar un guía que lo conduzca a la tierra de su tío, tierra que Tobías no conocía, se encuentra al ángel Rafael. Dice el relato:

“Tobías salió a buscar un buen guía, que conociera el camino para ir con él a Media. Afuera encontró al ángel Rafael, que estaba de pie frente a él y, sin sospechar que era un ángel de Dios, le preguntó: ‘¿De dónde eres amigo?’”

Es importante subrayar que si bien el ángel es identificado como tal para el lector, Tobías, al igual que todos los protagonistas, sólo ven a un hombre. Pues, la naturaleza angélica del mismo les es revelada recién más adelante cuando la misión del ángel ha sido cumplida.

Hay ahí un dato al que ya hemos aludido, sin desarrollarlo, en el post anterior. Pues en este relato, al igual que en el encuentro de Abraham con los tres hombres, la identidad del ángel se recubre de una forma humana.

Y ese mismo recubrimiento del ángel por el hombre, se encuentra en varios pasajes bíblicos, tanto en el Viejo como en el Nuevo Testamento. Y se encuentra también en otras tradiciones, en las que es común encontrar que las epifanías divinas asumen formas humanas.

Ejemplo de lo último es un mito muy importante en la religiosidad griega y particularmente en los Misterios de Eleusis, en los cuales se accedía, justamente, la epopteia, es decir la visión epifánica de los dioses y del más allá. Nos referimos a la historia de Deméter y Perséfone, en la cual se cuenta que la diosa Deméter (Ceres), buscando a su hija Perséfone (Proserpina), desciende a la tierra bajo el aspecto de una modesta anciana; y los humanos no la reconocen como diosa hasta que ella misma no se revela como tal.

Otro tanto sucede en el mito que relata el encuentro amoroso de Afrodita con Anquises. Donde la diosa desciende al mundo humano en la forma de una mujer hermosa; ya que Anquises, que era hombre, no hubiera podido soportar la visión directa de su forma celestial.

El racionalismo materialista nos ha acostumbrado a considerar tales mitos como si fueran ‘fábulas’ creadas por el hombre para ilustrar ideas que podrían concebirse de todos modos prescindiendo de los mismos. Pero, para quien se orienta, aunque sea torpemente, hacia el horizonte de la Sophia, esos mitos son representaciones simbólicas de realidades interiores y espirituales cuya verdad está fuera de toda duda.

Como dice Walter Otto:

“el mito auténtico –para decirlo de una vez- está siempre pleno de espíritu, no surge de ningún sueño del alma, sino de la visión clara del ojo espiritual abierto al ser de las cosas”

Pero volvamos al libro de Tobit. A partir de que Tobías encuentra al ángel, éste no sólo lo conduce hacia la tierra de su tío donde recibe el dinero que había ido a buscar, sino que le enseña como liberar a Sara de su maldición, y también intercede para que Tobías pueda tomarla como esposa, y además cura al padre de Tobías, es decir Tobit, de su ceguera.

Así, el ángel Rafael guía a uno, cura a otros , y de modo general los libera a todos de sus males. Pero lo más importante para nosotros, es que el ángel propicia el matrimonio de Tobías y Sara. Pues, de acuerdo a la ley judía de ese entonces, Tobías y Sara, que eran primos, estaban destinados uno al otro. Pero las vicisitudes y desgracias de la vida habían distanciado a ambas ramas de la familia y por eso no se conocían.

Dicho sea de paso, el relato permite comprender, aunque no lo dice explícitamente, que el daño que el demonio le causaba a Sara se subordinaba a una meta superior. Pues debido a su desgracia, Sara permaneció virgen y sola hasta la llegada de Tobías. Esto inspira por sí mismo una meditación acerca de la función del mal. Y esa es una de las varias joyas, discretamente engarzadas, que se pueden descubrir en ese Libro.

Volviendo al punto central y para cerrar el tema: puede decirse que el ángel asiste a Tobías en el cumplimiento de su destino. Ya que lo conduce y ayuda en la realización de aquello que le estaba destinado por origen familiar, pero que las vicisitudes del mundo habían puesto fuera de su alcance.

Pasamos ahora a otro ejemplo del arquetipo que estamos explorando a fin de aclarar mejor su idea. El mismo se encuentra en el pasaje del Evangelio cristiano en que Jesús se refiere a los niños. Se trata, obviamente, de un texto mucho más conocido que el anterior, por lo cual vamos a ser más breves y nos concentraremos solamente en unas pocas, pero iluminadoras, palabras. El pasaje en cuestión dice:

“Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos”

Los teólogos cristianos han encontrado ahí, entre otras cosas, una justificación escritural a la noción de ‘ángel de la guarda’ transmitida por esa tradición. Noción cuyo núcleo es el reconocimiento de la singularización e intimidad en la relación entre ángel y hombre.

Esa noción aparece luego enunciada explícitamente, por ejemplo, en Orígenes (siglos II-III d.C), quien dice:


“Hay que admitir que toda alma de hombre está bajo la dirección de un ángel, como de un hermano”

Para nosotros, lo importante en dicha noción es que trasciende la concepción ordinaria acerca de la naturaleza humana. Pero, volvamos al pasaje evangélico para comprenderlo mejor.

Si, mientras los niños están aquí en la tierra, ‘sus’ ángeles, los de cada niño, están en el cielo, es porque unos y otros, niños y ángeles, son, de algún modo, el mismo ser bajo una forma terrestre y una forma celeste.

Así, del pasaje se desprende que por cada niño en la tierra hay un ángel en el cielo. Y aparece esbozada ahí la idea de un ser, o un estado de ser, el estado humano, tendido entre dos polos: uno terrestre y otro celeste.

Por su parte, una tradición islámica (hadith) enseña que una vez que Allah hubo creado la forma del Hombre, envió un ángel para que le insufle el espíritu. Y no es difícil reconocer ahí que el ángel comunica al hombre algo de sí mismo. Pues sino ¿cómo podría insuflarle el espíritu?

Ahora bien, esa conjunción humano-angélica no es, para nosotros, puramente metafórica sino que, y más allá de los modos de representarla, dado que éstos varían de contexto en contexto, constituye una verdad profunda acerca de la condición humana.

Una verdad que a muchos les resultará difícil de aceptar puesto que obliga a trascender las mezquindades del racionalismo agnóstico en el cual ha sido educada la mayoría de la gente culta de hoy.

Lo que está en juego en el arquetipo que venimos comentando es la idea de una naturaleza humana, y una identidad humana, cuyas posibilidades no pueden ser cabalmente realizadas más que en conjunción con la vida angélica. Pues, el ángel pedagogo revela al hombre que se abre a su influencia, una dimensión superior de su propio ser. Una dimensión que le está destinada, pero que por muchas razones, y principalmente por desconocer el llamado del ángel, puede malograrse.

En cierto sentido, puede decirse que el ángel es la respuesta a una pregunta crucial para los hombres; si es que no se trata de la pregunta humana por excelencia: ¿quienes somos?

Escoto de Eriúgena, en su tiempo, captó todo esto y lo planteó de un modo tan claro y elocuente que sería difícil encontrar una expresión mejor. Dijo:

"Y el ángel se crea en el hombre mediante el conocimiento del ángel que subsiste en el hombre, y el hombre se crea en el ángel mediante el conocimiento del hombre que subsiste en el ángel"

Entonces, la conjunción con el ángel es para cada hombre un aspecto, aunque en principio permanezca virtual, de su propia identidad. Porque la conjunción con el ángel abre al hombre la posibilidad de acceder a una dimensión de su propio ser que, aún siendo suya (‘sus’ ángeles dice Jesús), trasciende su individualidad empírica.

Vale decir, se trata aquí de una dimensión del ser de la cual el hombre terreno no puede apropiarse, aunque sea ‘suya’, sino que debe, si reconoce sus solicitaciones, abrirse hacia la misma para dejarse guiar por ella. Y esa apertura, es, justamente, la esencia de la teofanía angélica.

En consonancia con todo esto pero en otro marco religioso y cultural, Apuleyo, en su estupendo escrito sobre el ‘dáimon’ de Sócrates, dice respecto de los ángeles personales (a los que llama dáimones o genios):

“... no olvides que para estos guardianes no hay secreto alguno ni dentro ni fuera de nuestro corazón; que vuestro genio asiste a toda vuestra vida, que todo lo ve, que lo comprende todo, y como la conciencia, penetra en los más ocultos repliegues del corazón”

Resulta claro, entonces, por todo lo que venimos diciendo, que el horizonte de comprensión abierto por la angelosofía supera el principio lógico de no contradicción y el falso dilema entre la identidad y la alteridad a propósito de la vida humana. Pues, la angelosofía nos conduce a integrar la 'otredad' celestial en la ‘mismidad’ del ser humano terreno.

En el mismo orden de ideas, se dice en un antiguo texto hermético citado por Corbin, que el ángel y el hombre son como la raíz original y la rama surgida de él.

Pero tan pronto como se lo piensa se comprende que la raíz y la rama no pueden ser consideradas como entidades independientes a menos que se las conciba sólo exteriormente y en un completo aislamiento abstracto; es decir desconociendo la conexión interior y vital entre ambas. Sin embargo, es claro también que la raíz y la rama son dos aspectos diferenciados de la misma entidad, y pueden ser concebidas, en cierto sentido, como realidades distintas.

Así, el arquetipo del ángel alude a una estructura ontológica que trasciende las categorías intelectuales a las cuales pretende sujetarnos el racionalismo materialista moderno. Y tampoco se deja atrapar, por supuesto, en la lógica puramente discursiva y carente de dimensión trascendente en la cual el nihilismo contemporáneo, y cierto psicoanálisis, pretenden encerrar al humano.

De ahí que Henry Corbin haya acuñado diversas expresiones destinadas a dar nombre a esa estructura que nuestra cultura ‘oficial’ desconoce totalmente. Por eso habló, por ejemplo, de ‘biunidad’ y de ‘unus ambo’ para referirse a la identidad dual del hombre y su ángel.

Para terminar, observemos que la ‘dualidad en la unidad’ de la cual hablábamos en nuestro post anterior, a propósito de la teofanía del ángel de la faz en el análisis de Schelling, reaparece aquí pero situada en otro nivel de realidad y de sentido.

Ahora no se trata sólo de la ‘dualidad en la unidad’ de Dios y del ángel a través del cual el primero se manifiesta, sino también de la ‘dualidad en la unidad’ del ángel y del hombre para quien se manifiesta.

Vislumbramos así algo misterioso, sobrecogedor, y muy difícil de articular en palabras, que sugiere que la teofanía es, a la vez, lo manifestado, es decir la presencia divina, el manifestante, es decir el ángel, y también aquél para quien el ángel y la presencia divina se manifiestan, es decir el hombre. Y es todo eso a la vez de modo unitario pero también distintivo.

Finalmente, digamos que si la conjunción con el ángel abre al hombre hacia una dimensión trascendente de su ser, entonces, la noción de pedagogía angélica no está completa si no se considera su función escatológica. Su papel en el viaje post mortem.

Pero esa dimensión escatológica está más allá de los límites que asignamos a este post. Así que esperamos poder tratarla la próxima vez.


Referencias:

-La cita de Henry Corbin del epígrafe pertenece a su trabajo ‘Avicena y el relato visionario’ {editado por Paidós, Barcelona}

- La cita de Eugenio D’Ors del epígrafe pertence al libro ‘Introducción a la vida angélica’ {conocemos una única edición, ya fuera de circulación, de Editoriales Reunidas, Bs. As. 1941}. En ese mismo libro D’Ors desarrolla la idea de pedagogía angélica y su función en el desarrollo de la biografía humana.

Dicho sea de paso, la convergencia entre las ideas de ese pensador español y las de Corbin es notable. Más allá de las diferencias de profundidad y amplitud con que cada uno, desde su propio lugar y misión, trabajó el tema del ángel.

- Las citas de Juan Escoto de Eriúgena pertenecen todas a su obra ‘Sobre las naturalezas (Periphyseon)’ {editado por Eunsa, Navarra}.

- Las tradiciones islámicas conocidas como ‘hadiths’ se transmiten por vía oral, aunque existen recopilaciones de las mismas, y también son citadas en numerosos escritos de los maestros de esa tradición. El primer hadith citado en el post lo extrajimos de la obra del Sheij Muhyiddin Ibn Arabi titulada ‘El núcleo del núcleo’ {ed. Siruela, España}; y el segundo, al que aludimos sin citarlo, se encuentra en la colección ‘Los cuarenta hadihts’ {ed. Edicomuniación, Madrid}.

- La epopeya de Eneas se encuentra en ‘La Eneida’ de Virgilio {ed. Losada, Bs. As.}

- El ‘Libro de los hechos de Tobit’ está publicado en Internet: Ir al texto

- La cita de Walter Otto pertenece a su obra ‘Teofanía’ {ed. Sextopiso, España}

- El pasaje evangélico que citamos se encuentra en Mateo 18, 10 {ed. Sociedades bíblicas en América Latina}.

- La cita de Orígenes la encontramos en el libro de Daniélou titulado ‘Orígenes’ {ed. Sudamericana, Bs. As.}.

- La cita de Apuleyo se encuentra en su texto ‘El demonio de Sócrates’, incluido en ‘La metamorfosis o el asno de oro’ {ed. Obras maestras, Barcelona, 1973}.

- La referencia de Corbin al texto hermético donde se compara al ángel y al hombre con la raíz y la rama, se encuentra en su trabajo ‘El hombre de luz en el sufismo iranio’ {ed. Siruela, Madrid}.

jueves, 23 de agosto de 2012

El ángel como teofanía

"El Ángel es el misterio del Rostro divino manifestándose en múltiples teofanías”
Henry Corbin

"El ángel es un lugar teofánico, manifestación viviente de Dios: el Nombre de Dios está depositado en él con el nombre de su presencia"
Pavel Evdokimov

Queremos tratar en este post acerca de la que puede considerarse la esencia misma de la angelicidad. Esencia que resulta reconocible en tradiciones distintas; para las cuales, y a pesar de sus diferencias e incluso de sus antagonismos, las mediaciones angélicas constituyen, en lo esencial, teofanías.

Teofanía: es decir, el aparecer de lo divino para una conciencia que lo reconoce como tal. O dicho de manera un poco más precisa y referida a nuestra propia condición humana: la manifestación de lo divino bajo modos de aparición, modos de presencia, que lo mediatizan frente a la conciencia del hombre.

Sin mediaciones, sin modos de aparición accesibles para una conciencia finita, el hombre no sabría nada de Dios. Pues, como dice el Zohar:

"En ninguna parte podemos hallar a Dios. Nosotros sólo podemos hallar la luz que Él esparce, la cual aparece y desaparece"

Por eso, cuando se suprimen las mediaciones por las que el hombre se relaciona con lo divino, o mejor dicho cuando se pierde la conciencia tales mediaciones, no quedan sino el agnosticismo y la megalomanía religiosa. El primero afirma que Dios es totalmente incognoscible; la segunda afirma tener un conocimiento directo de Dios.

Esta última cuestión, la del conocimiento directo, requiere una salvedad; ya que existen contextos legítimos, es decir no sospechosos de megalomanía, en los cuales se hace referencia a un conocimiento de ese tipo. Pero esas referencias habría que considerarlas con mucho cuidado y en su propio lugar, a fin de comprender lo que verdaderamente se implica ahí con la idea de 'directo'.

Como sea, lo cierto es que lo divino en su esencia no aparece nunca como tal ante el hombre, porque su infinitud trasciende toda posibilidad de aprehensión por parte de un ser finito. De modo que cuando se manifiesta lo hace a través de una mediación que al mismo tiempo lo vela y lo revela. Lo vela porque lo manifiesta a través de límites en los que lo divino no puede ser encerrado. Lo revela porque a través de esos límites lo ilimitado se manifiesta.

Ahora bien, no toda mediación entre lo divino y el hombre es angélica. Pues los símbolos sagrados -por ejemplo los templos, ritos, mandalas, oraciones, gestos, íconos, etc- son mediaciones, y sin embargo no pueden asimilarse a lo angélico más que por una ampliación excesiva de este último término.

Por otra parte, tenemos esa forma fundamental de mediación que son los nombres divinos. Al respecto cabe señalar que la relación entre los nombres divinos y las teofanías angélicas es muy estrecha. Por eso, un sabio neoplatónico, Jámblico, afirmó a propósito de los nombres y los dioses; dioses que en este contexto específico también deben considerarse como teofanías angélicas; afirmó, decíamos, lo siguiente:

"en ellos tenemos, en el nombre, el conocimiento de toda la esencia de los dioses, de su poder y de su orden"

Y, por su parte, en otro marco cultural y muchos siglos después del ocultamiento del neoplatonismo, un teósofo judío, Moisés Jaim Luzzatto, indicó que:

"El nombre del Eterno está unido a cada ángel"

Idea esta última que se corresponde con la escritura sagrada de la tradición a la cual Luzzato pertenecía. Pues en el libro del Éxodo (23, 20) Dios le dice a Moisés que enviará un ángel para que lo proteja en el camino y lo conduzca a donde debe ir; y a su vez le advierte que debe obedecer a dicho ángel porque:

"{el ángel} no perdonará tu transgresión, ya que Mi Nombre está en él"

Todo lo cual está en perfecta consonancia con lo que enseñan otras tradiciones. Así, por ejemplo, en la cita del teólogo ortodoxo, Edvokimov, que utilizamos en el epígrafe. Y lo mismo podría encontrarse en muchos otros lugares. Pero la relación entre la 'ciencia de los nombres divinos' y la angelosofía es muy compleja e intentar aclararla ahora nos llevaría más allá de los límites asignados a este post.

Aquí sólo vamos a articular unas nociones básicas acerca de la dimensión teofánica de los ángeles. Y para ello recurriremos a ciertos pasajes de la Biblia que, debido a su carácter paradigmático, servirán para ese fin.

Pero, antes de pasar a los pasajes en cuestión, y para ofrecer un mínimo de apoyo al lector que no esté familiarizado con estos asuntos, digamos que la Biblia puede ser leída, entre otras formas de hacerlo, como la historia del alma. Tanto del alma individual como comunitaria e incluso cósmica.

Esa historia del alma no se confunde con la historia empírica tal como la estudian las disciplinas seculares, por ejemplo la historia política y social o la psicología del individuo y de las colectividades, pero no es ajena a los sucesos del mundo.

El tema central, el motivo arquetípico, de dicha historia es el alejamiento del alma de su condición originaria, edénica, y el retorno, sinuoso y difícil, a la misma. Y ese arquetipo se repite, en distintos niveles de sentido cada vez, a lo largo de todo el conjunto de libros sapienciales que llamamos 'Biblia'. Dicho esto, vamos a nuestro tema...

El primer pasaje a comentar se encuentra en el libro del Génesis (18,1:16), y aunque aquí lo vamos a resumir, para mejor comprensión del tema sugerimos su lectura directa.

El Génesis refiere allí que estando un día Abraham, el primer patriarca de Israel, sentado a la entrada de su tienda, Dios (YHVH) se le reveló. A continuación de lo cual se dice que Abraham levantó la vista y vio tres hombres parados frente a él. Entonces, Abraham los invitó cortésmente a descansar y a comer; cosa que los hombres aceptaron. Poco después ellos le preguntaron a Abraham por su esposa Sara, y Abraham respondió que se encontraba en la tienda. Y enseguida alguien (presumiblemente uno de los hombres) dijo:

“Volveré a ti y tu esposa Sara tendrá un hijo”

Cabe señalar que Abraham y  Sara eran ancianos, y que ella, especifica el relato, ya había dejado de tener su período femenino. De modo que, al escuchar desde atrás de la tienda esas palabras, Sara rió y expresó su incredulidad. Entonces, a continuación y sin aclaración alguna, el relato dice que Dios (YHVH) reprende a Abraham por la conducta de su esposa diciéndole:

“¿Porqué rió Sara incrédulamente, diciendo: ‘¿Cómo voy a dar a luz si he envejecido?’ Acaso hay algo que escape de YHVH? ¡En el plazo establecido volveré a ti, para esta fecha, y Sara tendrá un hijo”

Luego de lo cual Sara intenta encubrir su actitud pero es reprendida por Dios, y el pasaje finaliza diciendo que los hombres se levantaron y se orientaron hacia Sodoma y Abraham caminó con ellos para acompañarlos.

Pues bien, para nuestro propósito, y dado que aquí no se trata de hermenéutica de la Biblia, tarea para la cual no estamos capacitados, sino sólo de extraer algunos elementos básicos concernientes a angelosofía, para este propósito, decíamos, lo que importa subrayar en ese relato es lo siguiente:

• El texto introduce el encuentro de Abraham con los tres hombres, diciendo, antes de relatar el encuentro mismo, que Abraham tuvo una revelación de Dios.

• Alguien, tal vez uno de los hombres, hace una profecía a Abraham. Es decir habla como sólo podría hacerlo quien está por encima del conocimiento humano ordinario.

• Como Sara no cree, entonces, Dios mismo (identificado ahora como YHVH) reprende a Abraham, y lo hace repitiendo, casi literalmente, las palabras proféticas que antes había pronunciado ese alguien al que, obligadamente debido al contexto, debemos identificar como uno de los hombres.

• El relato se cierra con la partida de los hombres para Sodoma pero en el pasaje siguiente, cuando llegan a esa ciudad (Génesis 19), la naturaleza angélica de los 'hombres' es expresada explícitamente.

No es difícil reconocer en ese texto bíblico una oscilación entre la identidad de Dios y la de los ángeles. Y no es difícil tampoco reconocer que la naturaleza angélica de los visitantes se recubre de una forma humana.

Dejemos este último punto para otros post, en los que esperamos poder hablar de la dimensión antropológica en angelosofía, y subrayemos lo primero, es decir la oscilación entre la identidad de Dios y la de los ángeles.

Es claro que en el relato se trata en todo momento de una revelación divina; pero el sujeto activo de la revelación es en el primer momento el ángel y en otro momento Dios mismo identificado por su nombre YHVH.

O dicho de otro modo, Dios se dirige a Abraham unas veces como ángel y otras como sujeto del Nombre Divino, y el paso de uno al otro se hace sin rupturas ni aclaraciones. Así, se establece una suerte de continuidad entre la identidad de los ángeles y la de Dios, pero también, dado que en cierto momento se introduce el nombre YHVH como sujeto del discurso, se marca una diferencia.

Por un lado, Dios se llega hasta Abraham en la figura de los ángeles y le habla por medio de su boca (todo el comienzo y la primer profecía); y por otro lado, en el mismo contexto y sin que intervenga algún factor que no estuviera presente anteriormente, le habla por sí mismo como nombre YHVH.

Por eso, repetimos, hay en todo ello una evidente oscilación entre las figuras angélicas y Dios; o, de modo más preciso, entre los ángeles y el nombre divino.

Cabe señalar que esa oscilación no es una rareza de este relato en particular, sino que se repite con frecuencia en el Antiguo Testamento, y se encuentra en formas análogas en otras tradiciones y caminos sapienciales.

Y es esa oscilación, justamente, la que desnuda la clave de la teofanía angélica. Puesto que permite superar la tendencia, ‘natural’ si se quiere, a concebir a Dios, a los ángeles y al hombre como sujetos subsistentes cada uno en sí mismo y exteriores los unos de los otros.

Es decir, de ordinario se cree tener, por un lado, a Dios, concebido como un sujeto abstracto, por otro lado, a los ángeles, concebidos de modo abstracto o representados por figuras sensibles, y por otro más, al hombre, concebido como algo separado de los otros dos.

Pero la noción de teofanía invita a superar ese aislamiento entre los términos y a comprenderlos en su mutua interioridad e implicación.

Sin embargo, y esto es muy importante dejarlo claro, esa noción no supone de ningún modo una mera asimilación entre Dios, los ángeles y el hombre. Pues, la noción de teofanía no suprime las diferencias entre los términos, ni su relación jerárquica, sino el aislamiento entre los mismos.

Por eso Henry Corbin, en uno de sus varios estudios sobre las teofanías angélicas, dice:

“la presencia del Ángel es escatológica; pone fin al aislamiento de este mundo; el umbral del otro mundo se abre”

Y por su parte, Luzzatto, refiriéndose a la concatenación universal en la que se expresa la sabiduría y el poder divinos, ha dicho:

“ todas las creaciones celestiales y terrestres, superiores e inferiores,
están conectadas entre sí”

Hay ahí, dicho sea de paso, una idea cara al budismo: el principio de interdependencia universal que relaciona interiormente, y a pesar de las disociaciones aparentes generadas por la razón lógica y los sentidos corporales, todos los estados del ser, desde los más elevados a los más bajos, y de modo general relaciona todo con todo. Pero no vamos a extendernos sobre esto para no perder el hilo del post.

Por lo demás, habría más aclaraciones que hacer respecto de las teofanías, pero no podemos avanzar con todo a la vez. De modo que con lo anterior nos basta por el momento; y pasamos ahora a comentar otro relato bíblico en el cual se reconoce una oscilación análoga entre la identidad de Dios y la del ángel.

El siguiente relato pertenece al libro del Éxodo (3, 1:12) y otra vez recomendamos su lectura directa a fin de comprender mejor lo que sigue.

Ahí se cuenta que el ángel de YHVH se apareció a Moisés en una llama de fuego en medio de una zarza. Y cuando Moisés se acercó para contemplar mejor ese prodigio, Dios (YHVH) lo llamó. Y ahí el relato insiste en que Dios (ahora como Elohim) lo llamó; lo llamó por su nombre diciéndole: “¡Moisés! ¡Moisés!” y luego se reveló a Moisés como el Dios de sus padres, de Abraham, de Isaac, de Jacob; es decir como Dios de Israel. Tras lo cual le encomienda la misión, nada menos, de conducir a su pueblo fuera de Egipto para liberarlo de la esclavitud.

Ahora bien, nuevamente dejaremos de lado las muchas posibilidades de interpretación que tiene ese pasaje, y nos concentraremos en lo que concierne directamente a nuestro tema. Al respecto nos importa subrayar lo siguiente:

• El que aparece en la llama ante Moisés es el ángel de YHVH, pero quien le habla cuando Moisés se acerca a la zarza es el propio YHVH.

• El Dios que le habla en esa ocasión a Moisés es identificado unas veces como YHVH y otras como Elohim

Pues bien, se reconoce ahí una doble oscilación de la identidad divina: entre el ángel y YHVH, y entre YHVH y Elohim. Es decir, por un lado, entre Dios y su ángel; y, por otro lado, entre los dos nombres con que se identifica a Dios al dirigirse a Moisés.

Esas peculiaridades del relato bíblico llamaron la atención de Federico Schelling, quien en su obra ‘Las edades del mundo’ (versión de 1815) comenta la cuestión y extrae ciertas conclusiones asociadas a los problemas filosóficos que lo preocupaban.

El centro de la reflexión de ese pensador alemán, si bien constituye la raíz última de la angelosofía, desborda el marco de este post. Pues lo que a Schelling le preocupa ahí, centralmente, es el paso de lo divino primigenio e inexpresable, la Mismidad oculta e incognoscible del Absoluto, a su revelación como Dios para los hombres.

Y en ese contexto de ideas, Schelling señala que la oscilación entre los dos nombres divinos nos habla de una 'dualidad en la unidad' divina. Pero el pensador señala también que la misma 'dualidad en la unidad' se reconoce entre YHVH y el ángel. En sus palabras:

“A Moisés se le aparece en la zarza ardiente el ángel de Jehová, que en esta medida es diferente de él. Pero Elohim le llama desde la zarza (Éxodo 3, 2); poco después, el que le habla es Jehová, lo cual deja claro que en la opinión del narrador el que es el ángel de la aparición es también el que es Jehová, y sin embargo ambos están diferenciados"

Entonces, lo importante en este contexto es reconocer que, al igual que en el relato de Abraham y los tres hombres, el sustrato de las teofanías es siempre la presencia divina; pero manifestándose una vez como ángel, con identidad de ángel, y otras veces como palabra divina, con la identidad del Nombre divino.

Así, Dios y el ángel son en el relato bíblico a la vez el mismo y otro. Y el nombre divino y el ángel son también el mismo y otro.

Entonces, en la teofanía angélica lo manifestado y el manifestante, es decir lo divino y su forma de aparición, son siempre uno y sin embargo son distintos.

Y eso no significa, lo repetimos, suprimir la diferencia ni la jerarquía entre ambos. Pues, la identidad del ángel es inseparable de Aquél que por su intermedio se manifiesta, pero también el ángel tiene su propio nivel de realidad.

Esto último, la realidad ‘propia’ del ángel, aquí no significa realidad separada e independiente de Dios, sino solamente que el ángel es, en su propio nivel de existencia y conocimiento, un ser viviente y un ser para sí mismo.

Dicho sea de paso, la idea del ‘ser para sí’ del ángel abre cuestiones importantes; ya que se asocia a temas como la jerarquía de estados del Ser y el problema del mal; pero intentar su desarrollo ahora nos llevaría demasiado lejos. Así que esperamos retomar esta cuestión en otro momento.

Como sea, y para resumir todo lo dicho, en la experiencia angélica lo divino se hace presente para el hombre en una modalidad de aparición susceptible de ser reconocida por este último cuando está preparado para ello. Y esa es, precisamente, la función por excelencia de la mediación angélica. Y ese estado de ser intermedio, esa función mediatizadora en el orden de los seres, es también el núcleo del ser de los ángeles.

Por eso, las tradiciones religiosas y sapienciales de la humanidad han enseñado que el Absoluto, trascendente a toda determinación, y por lo tanto inaccesible en su esencial Mismidad, se manifiesta al hombre a través de ciertas mediaciones vivientes.

Sin embargo, el racionalismo y el agnosticismo al que ha sucumbido, al menos en gran parte, la cultura, ha llevado al menosprecio de esas mediaciones cuando no a su negación.

Dos formas habituales de negación de las mediaciones angélicas consisten en reducirlas, o bien a meras representaciones de estados psicológicos humanos, o bien a no ser sino las expresiones plásticas y ‘antropomórficas' de ciertas ideas abstractas.

Ahora bien, o se extienden las nociones de 'humano', de 'psiquismo' y de 'idea', a niveles ontológicos y gnoseológicos muy distintos, y superiores, a los que esas nociones tienen de ordinario, o las reducciones aludidas constituyen un completo desatino que en el fondo no hace sino encubrir un agnosticismo, sea éste consciente o no.

Pero por otro lado existe, especialmente en nuestros días y asociado al fenómeno cultural denominado ‘new age’, la distorsión inversa: una reivindicación desordenada de las realidades angélicas.

Por eso queremos aclarar que este blog no apoya ninguna suerte de religiosidad de los ángeles que se quiera independiente de los principios últimos a los cuales sirven, justamente, de mediación. Puesto que una religiosidad como esa separa las realidades angélicas de su fundamento; y por ello puede derivar en serias distorsiones, y hasta, en los peores casos, abrir la puerta a influencias demoníacas.

De modo que así como es importante la conciencia de las mediaciones, también es importante mantener, en el mismo horizonte, la conciencia del Principio que las unifica y les otorga su verdadero sentido.

Por último, queremos señalar que en este post sólo nos hemos referido a las teofanías en lo que podría denominarse, ad hoc, su lado celeste. Es decir, la relación del ángel con lo divino. Pero la noción de teofanía no está completa si no se aborda su lado terrestre.

De modo que en la próxima entrega esperamos poder tratar de la relación entre el ángel y el hombre; y de modo más específico de eso que Henry Corbin y Eugenio D’Ors llamaron el ‘rol pedagógico’ del ángel en la realización espiritual humana. Por esta vez terminamos.


Referencias:

-Tanto el epígrafe como las restantes citas de Henry Corbin que aparecen en el post pertenecen a su estudio ‘Necesidad de la angelología’, incluido junto a otros trabajos del autor en el volumen ‘La paradoja del monoteísmo’ {ed. Losada, Madrid - Bs. As.}.

Cabe señalar que ese es un estudio imprescindible para quien se interesa en la angelosofía, y que la noción de teofanía angélica es abordada ahí en un marco mucho más amplio y con mayor profundidad que aquí.

-Las palabras de Edvokimov pertenecen a su texto ‘Los ángeles son mensajeros’, incluido en el volumen de varios autores titulado ‘Ángeles en el pensamiento de teólogos y filósofos contemporáneos’ {ed. Lumen, Bs. As. – México}.

-La cita del Zohar la tomamos de la selección de textos del mismo realizada por Ariel Bensión y publicada con el título ‘El Zohar, Revelaciones del libro del esplendor’ {ed. Olañeta, Barcelona}.

-Las palabras de Jámblico pertenecen a su obra ‘Sobre los misterios egipcios’ {ed. Gredos, España}. Existe una versión digital disponible en Internet (Enlace al texto)

-La dos citas de M. J. Luzzatto pertenecen a su obra ‘La sabiduría del alma’ {ed. Obelisco, Barcelona}.

-El análisis de Federico Schelling sobre el Ángel de YHVH y los dos nombres divinos se encuentra en su obra ‘Las edades del mundo’, versión 1815 {ed. Akal, Madrid}.

Por nuestra parte hemos publicado en Internet una breve reseña crítica de ese texto de Schelling (Enlace al texto)

-Todos los pasajes bíblicos fueron tomados de la ‘Torat Emet’ edición hebreo-español con traducción de Rubén Sigal {ed. Keter Torá, Bs. As.}.

Cabe señalar que las traducciones de la versión latina de la Biblia, de uso en el mundo cristiano, permiten reconocer con total claridad los temas aquí tratados.

jueves, 2 de agosto de 2012

Presentación

Con este post inauguramos un blog en el cual intentaremos preguntarnos, investigar y pensar acerca de eso que Henry Corbin denominó en cierta ocasión la  'angelosofía'.

Pero angelosofía, literalmente 'sabiduría sobre los ángeles', no alude aquí a un saber del que creamos disponer sino a un camino de búsqueda acerca del sentido de las mediaciones por las cuales los humanos nos relacionamos con lo divino 

Mediaciones sin las cuales lo divino sería para nosotros lo absoluto inescrutable, del cual nada podríamos decir, y con el cual no podríamos, de ninguna manera, entrar en relación.

Pues, como dijo el mismo Corbin:

"El Ángel es el hermeneuta, el mensajero, de luz que anuncia e interpreta los misterios divinos. Sin su mediación, no podríamos saber ni decir nada de ellos."

Es decir, sin mediación, lo divino sólo puede ser Deus absconditus, la Noche primordial del orfismo, el Ain Sof de la teosofía judía; algo que permanece para nosotros, y para todo, absolutamente incognoscible. Pero, por lo mismo, en un sentido muy estricto, eso no es Dios sino el Abismo.     

De modo que sin las mediaciones, sin la conciencia de las mediaciones entre lo divino y lo humano, estaríamos irremediablemente perdidos respecto al significado y la finalidad trascendente de nuestra propia existencia. Estaríamos aislados y solos. 

En el orden teórico, la angelosofía se abre a un campo extenso y complejo cuestiones que involucra aspectos metafísicos, cosmológicos,  antropológicos y escatológicos. Y además, aumentando su complejidad, atraviesa lateralmente, por decirlo así, a tradiciones de sabiduría tan diferentes como la gnosis de los antiguos sabios griegos, el judaísmo, el cristianismo, el Islam, el budismo, el vudú afro caribeño, y otras.       

Por lo cual,  trataremos aquí en Pleroma de articular algunas de aquellas cuestiones; pero con clara conciencia de que nunca estaremos realmente a la altura del tema que nos hemos propuesto investigar.  

Por último, digamos unas pocas palabras acerca del nombre del blog: 'pleroma' es un término de origen griego que significa, conforme a la gnosis neoplatónica, y tiene  significados análogos en otras tradiciones, totalidad y plenitud.

Y lo hemos elegido para este espacio porque una de las funciones de la mediación angélica es, justamente, la de propiciar la reintegración de las existencias, diferenciadas y múltiples,  en la totalidad divina que las unifica, perfecciona y libera del antagonismo y de la muerte.  

Ahora, sólo nos resta invitar al lector que lo desee a acompañarnos en la experiencia.  Trataremos de mantener un ritmo mensual de entregas; aunque, por supuesto, ese ritmo puede variar, en más o en menos, por diversas razones.


Referencias:
La cita de Proclo que sirve de subtítulo al blog pertenece a su escrito "Sobre el arte hierático"; y la tomamos de la versión inglesa de Stephen Ronan. Esa versión se encuentra disponible en Internet:  Ir al texto

Las palabras de Henry Corbin pertenecen a su ensayo "De la necesidad de la angelología", publicado junto a otros ensayos, con el título "La paradoja del monoteísmo" {ed. Losada, Madrid-Bs. As.}.