"Así, todo está lleno de dioses. La tierra está llena de dioses celestiales y el cielo está lleno de dioses supercelestiales"
Proclo (412 - 485 d. C).

jueves, 23 de agosto de 2012

El ángel como teofanía

"El Ángel es el misterio del Rostro divino manifestándose en múltiples teofanías”
Henry Corbin

"El ángel es un lugar teofánico, manifestación viviente de Dios: el Nombre de Dios está depositado en él con el nombre de su presencia"
Pavel Evdokimov

Queremos tratar en este post acerca de la que puede considerarse la esencia misma de la angelicidad. Esencia que resulta reconocible en tradiciones distintas; para las cuales, y a pesar de sus diferencias e incluso de sus antagonismos, las mediaciones angélicas constituyen, en lo esencial, teofanías.

Teofanía: es decir, el aparecer de lo divino para una conciencia que lo reconoce como tal. O dicho de manera un poco más precisa y referida a nuestra propia condición humana: la manifestación de lo divino bajo modos de aparición, modos de presencia, que lo mediatizan frente a la conciencia del hombre.

Sin mediaciones, sin modos de aparición accesibles para una conciencia finita, el hombre no sabría nada de Dios. Pues, como dice el Zohar:

"En ninguna parte podemos hallar a Dios. Nosotros sólo podemos hallar la luz que Él esparce, la cual aparece y desaparece"

Por eso, cuando se suprimen las mediaciones por las que el hombre se relaciona con lo divino, o mejor dicho cuando se pierde la conciencia tales mediaciones, no quedan sino el agnosticismo y la megalomanía religiosa. El primero afirma que Dios es totalmente incognoscible; la segunda afirma tener un conocimiento directo de Dios.

Esta última cuestión, la del conocimiento directo, requiere una salvedad; ya que existen contextos legítimos, es decir no sospechosos de megalomanía, en los cuales se hace referencia a un conocimiento de ese tipo. Pero esas referencias habría que considerarlas con mucho cuidado y en su propio lugar, a fin de comprender lo que verdaderamente se implica ahí con la idea de 'directo'.

Como sea, lo cierto es que lo divino en su esencia no aparece nunca como tal ante el hombre, porque su infinitud trasciende toda posibilidad de aprehensión por parte de un ser finito. De modo que cuando se manifiesta lo hace a través de una mediación que al mismo tiempo lo vela y lo revela. Lo vela porque lo manifiesta a través de límites en los que lo divino no puede ser encerrado. Lo revela porque a través de esos límites lo ilimitado se manifiesta.

Ahora bien, no toda mediación entre lo divino y el hombre es angélica. Pues los símbolos sagrados -por ejemplo los templos, ritos, mandalas, oraciones, gestos, íconos, etc- son mediaciones, y sin embargo no pueden asimilarse a lo angélico más que por una ampliación excesiva de este último término.

Por otra parte, tenemos esa forma fundamental de mediación que son los nombres divinos. Al respecto cabe señalar que la relación entre los nombres divinos y las teofanías angélicas es muy estrecha. Por eso, un sabio neoplatónico, Jámblico, afirmó a propósito de los nombres y los dioses; dioses que en este contexto específico también deben considerarse como teofanías angélicas; afirmó, decíamos, lo siguiente:

"en ellos tenemos, en el nombre, el conocimiento de toda la esencia de los dioses, de su poder y de su orden"

Y, por su parte, en otro marco cultural y muchos siglos después del ocultamiento del neoplatonismo, un teósofo judío, Moisés Jaim Luzzatto, indicó que:

"El nombre del Eterno está unido a cada ángel"

Idea esta última que se corresponde con la escritura sagrada de la tradición a la cual Luzzato pertenecía. Pues en el libro del Éxodo (23, 20) Dios le dice a Moisés que enviará un ángel para que lo proteja en el camino y lo conduzca a donde debe ir; y a su vez le advierte que debe obedecer a dicho ángel porque:

"{el ángel} no perdonará tu transgresión, ya que Mi Nombre está en él"

Todo lo cual está en perfecta consonancia con lo que enseñan otras tradiciones. Así, por ejemplo, en la cita del teólogo ortodoxo, Edvokimov, que utilizamos en el epígrafe. Y lo mismo podría encontrarse en muchos otros lugares. Pero la relación entre la 'ciencia de los nombres divinos' y la angelosofía es muy compleja e intentar aclararla ahora nos llevaría más allá de los límites asignados a este post.

Aquí sólo vamos a articular unas nociones básicas acerca de la dimensión teofánica de los ángeles. Y para ello recurriremos a ciertos pasajes de la Biblia que, debido a su carácter paradigmático, servirán para ese fin.

Pero, antes de pasar a los pasajes en cuestión, y para ofrecer un mínimo de apoyo al lector que no esté familiarizado con estos asuntos, digamos que la Biblia puede ser leída, entre otras formas de hacerlo, como la historia del alma. Tanto del alma individual como comunitaria e incluso cósmica.

Esa historia del alma no se confunde con la historia empírica tal como la estudian las disciplinas seculares, por ejemplo la historia política y social o la psicología del individuo y de las colectividades, pero no es ajena a los sucesos del mundo.

El tema central, el motivo arquetípico, de dicha historia es el alejamiento del alma de su condición originaria, edénica, y el retorno, sinuoso y difícil, a la misma. Y ese arquetipo se repite, en distintos niveles de sentido cada vez, a lo largo de todo el conjunto de libros sapienciales que llamamos 'Biblia'. Dicho esto, vamos a nuestro tema...

El primer pasaje a comentar se encuentra en el libro del Génesis (18,1:16), y aunque aquí lo vamos a resumir, para mejor comprensión del tema sugerimos su lectura directa.

El Génesis refiere allí que estando un día Abraham, el primer patriarca de Israel, sentado a la entrada de su tienda, Dios (YHVH) se le reveló. A continuación de lo cual se dice que Abraham levantó la vista y vio tres hombres parados frente a él. Entonces, Abraham los invitó cortésmente a descansar y a comer; cosa que los hombres aceptaron. Poco después ellos le preguntaron a Abraham por su esposa Sara, y Abraham respondió que se encontraba en la tienda. Y enseguida alguien (presumiblemente uno de los hombres) dijo:

“Volveré a ti y tu esposa Sara tendrá un hijo”

Cabe señalar que Abraham y  Sara eran ancianos, y que ella, especifica el relato, ya había dejado de tener su período femenino. De modo que, al escuchar desde atrás de la tienda esas palabras, Sara rió y expresó su incredulidad. Entonces, a continuación y sin aclaración alguna, el relato dice que Dios (YHVH) reprende a Abraham por la conducta de su esposa diciéndole:

“¿Porqué rió Sara incrédulamente, diciendo: ‘¿Cómo voy a dar a luz si he envejecido?’ Acaso hay algo que escape de YHVH? ¡En el plazo establecido volveré a ti, para esta fecha, y Sara tendrá un hijo”

Luego de lo cual Sara intenta encubrir su actitud pero es reprendida por Dios, y el pasaje finaliza diciendo que los hombres se levantaron y se orientaron hacia Sodoma y Abraham caminó con ellos para acompañarlos.

Pues bien, para nuestro propósito, y dado que aquí no se trata de hermenéutica de la Biblia, tarea para la cual no estamos capacitados, sino sólo de extraer algunos elementos básicos concernientes a angelosofía, para este propósito, decíamos, lo que importa subrayar en ese relato es lo siguiente:

• El texto introduce el encuentro de Abraham con los tres hombres, diciendo, antes de relatar el encuentro mismo, que Abraham tuvo una revelación de Dios.

• Alguien, tal vez uno de los hombres, hace una profecía a Abraham. Es decir habla como sólo podría hacerlo quien está por encima del conocimiento humano ordinario.

• Como Sara no cree, entonces, Dios mismo (identificado ahora como YHVH) reprende a Abraham, y lo hace repitiendo, casi literalmente, las palabras proféticas que antes había pronunciado ese alguien al que, obligadamente debido al contexto, debemos identificar como uno de los hombres.

• El relato se cierra con la partida de los hombres para Sodoma pero en el pasaje siguiente, cuando llegan a esa ciudad (Génesis 19), la naturaleza angélica de los 'hombres' es expresada explícitamente.

No es difícil reconocer en ese texto bíblico una oscilación entre la identidad de Dios y la de los ángeles. Y no es difícil tampoco reconocer que la naturaleza angélica de los visitantes se recubre de una forma humana.

Dejemos este último punto para otros post, en los que esperamos poder hablar de la dimensión antropológica en angelosofía, y subrayemos lo primero, es decir la oscilación entre la identidad de Dios y la de los ángeles.

Es claro que en el relato se trata en todo momento de una revelación divina; pero el sujeto activo de la revelación es en el primer momento el ángel y en otro momento Dios mismo identificado por su nombre YHVH.

O dicho de otro modo, Dios se dirige a Abraham unas veces como ángel y otras como sujeto del Nombre Divino, y el paso de uno al otro se hace sin rupturas ni aclaraciones. Así, se establece una suerte de continuidad entre la identidad de los ángeles y la de Dios, pero también, dado que en cierto momento se introduce el nombre YHVH como sujeto del discurso, se marca una diferencia.

Por un lado, Dios se llega hasta Abraham en la figura de los ángeles y le habla por medio de su boca (todo el comienzo y la primer profecía); y por otro lado, en el mismo contexto y sin que intervenga algún factor que no estuviera presente anteriormente, le habla por sí mismo como nombre YHVH.

Por eso, repetimos, hay en todo ello una evidente oscilación entre las figuras angélicas y Dios; o, de modo más preciso, entre los ángeles y el nombre divino.

Cabe señalar que esa oscilación no es una rareza de este relato en particular, sino que se repite con frecuencia en el Antiguo Testamento, y se encuentra en formas análogas en otras tradiciones y caminos sapienciales.

Y es esa oscilación, justamente, la que desnuda la clave de la teofanía angélica. Puesto que permite superar la tendencia, ‘natural’ si se quiere, a concebir a Dios, a los ángeles y al hombre como sujetos subsistentes cada uno en sí mismo y exteriores los unos de los otros.

Es decir, de ordinario se cree tener, por un lado, a Dios, concebido como un sujeto abstracto, por otro lado, a los ángeles, concebidos de modo abstracto o representados por figuras sensibles, y por otro más, al hombre, concebido como algo separado de los otros dos.

Pero la noción de teofanía invita a superar ese aislamiento entre los términos y a comprenderlos en su mutua interioridad e implicación.

Sin embargo, y esto es muy importante dejarlo claro, esa noción no supone de ningún modo una mera asimilación entre Dios, los ángeles y el hombre. Pues, la noción de teofanía no suprime las diferencias entre los términos, ni su relación jerárquica, sino el aislamiento entre los mismos.

Por eso Henry Corbin, en uno de sus varios estudios sobre las teofanías angélicas, dice:

“la presencia del Ángel es escatológica; pone fin al aislamiento de este mundo; el umbral del otro mundo se abre”

Y por su parte, Luzzatto, refiriéndose a la concatenación universal en la que se expresa la sabiduría y el poder divinos, ha dicho:

“ todas las creaciones celestiales y terrestres, superiores e inferiores,
están conectadas entre sí”

Hay ahí, dicho sea de paso, una idea cara al budismo: el principio de interdependencia universal que relaciona interiormente, y a pesar de las disociaciones aparentes generadas por la razón lógica y los sentidos corporales, todos los estados del ser, desde los más elevados a los más bajos, y de modo general relaciona todo con todo. Pero no vamos a extendernos sobre esto para no perder el hilo del post.

Por lo demás, habría más aclaraciones que hacer respecto de las teofanías, pero no podemos avanzar con todo a la vez. De modo que con lo anterior nos basta por el momento; y pasamos ahora a comentar otro relato bíblico en el cual se reconoce una oscilación análoga entre la identidad de Dios y la del ángel.

El siguiente relato pertenece al libro del Éxodo (3, 1:12) y otra vez recomendamos su lectura directa a fin de comprender mejor lo que sigue.

Ahí se cuenta que el ángel de YHVH se apareció a Moisés en una llama de fuego en medio de una zarza. Y cuando Moisés se acercó para contemplar mejor ese prodigio, Dios (YHVH) lo llamó. Y ahí el relato insiste en que Dios (ahora como Elohim) lo llamó; lo llamó por su nombre diciéndole: “¡Moisés! ¡Moisés!” y luego se reveló a Moisés como el Dios de sus padres, de Abraham, de Isaac, de Jacob; es decir como Dios de Israel. Tras lo cual le encomienda la misión, nada menos, de conducir a su pueblo fuera de Egipto para liberarlo de la esclavitud.

Ahora bien, nuevamente dejaremos de lado las muchas posibilidades de interpretación que tiene ese pasaje, y nos concentraremos en lo que concierne directamente a nuestro tema. Al respecto nos importa subrayar lo siguiente:

• El que aparece en la llama ante Moisés es el ángel de YHVH, pero quien le habla cuando Moisés se acerca a la zarza es el propio YHVH.

• El Dios que le habla en esa ocasión a Moisés es identificado unas veces como YHVH y otras como Elohim

Pues bien, se reconoce ahí una doble oscilación de la identidad divina: entre el ángel y YHVH, y entre YHVH y Elohim. Es decir, por un lado, entre Dios y su ángel; y, por otro lado, entre los dos nombres con que se identifica a Dios al dirigirse a Moisés.

Esas peculiaridades del relato bíblico llamaron la atención de Federico Schelling, quien en su obra ‘Las edades del mundo’ (versión de 1815) comenta la cuestión y extrae ciertas conclusiones asociadas a los problemas filosóficos que lo preocupaban.

El centro de la reflexión de ese pensador alemán, si bien constituye la raíz última de la angelosofía, desborda el marco de este post. Pues lo que a Schelling le preocupa ahí, centralmente, es el paso de lo divino primigenio e inexpresable, la Mismidad oculta e incognoscible del Absoluto, a su revelación como Dios para los hombres.

Y en ese contexto de ideas, Schelling señala que la oscilación entre los dos nombres divinos nos habla de una 'dualidad en la unidad' divina. Pero el pensador señala también que la misma 'dualidad en la unidad' se reconoce entre YHVH y el ángel. En sus palabras:

“A Moisés se le aparece en la zarza ardiente el ángel de Jehová, que en esta medida es diferente de él. Pero Elohim le llama desde la zarza (Éxodo 3, 2); poco después, el que le habla es Jehová, lo cual deja claro que en la opinión del narrador el que es el ángel de la aparición es también el que es Jehová, y sin embargo ambos están diferenciados"

Entonces, lo importante en este contexto es reconocer que, al igual que en el relato de Abraham y los tres hombres, el sustrato de las teofanías es siempre la presencia divina; pero manifestándose una vez como ángel, con identidad de ángel, y otras veces como palabra divina, con la identidad del Nombre divino.

Así, Dios y el ángel son en el relato bíblico a la vez el mismo y otro. Y el nombre divino y el ángel son también el mismo y otro.

Entonces, en la teofanía angélica lo manifestado y el manifestante, es decir lo divino y su forma de aparición, son siempre uno y sin embargo son distintos.

Y eso no significa, lo repetimos, suprimir la diferencia ni la jerarquía entre ambos. Pues, la identidad del ángel es inseparable de Aquél que por su intermedio se manifiesta, pero también el ángel tiene su propio nivel de realidad.

Esto último, la realidad ‘propia’ del ángel, aquí no significa realidad separada e independiente de Dios, sino solamente que el ángel es, en su propio nivel de existencia y conocimiento, un ser viviente y un ser para sí mismo.

Dicho sea de paso, la idea del ‘ser para sí’ del ángel abre cuestiones importantes; ya que se asocia a temas como la jerarquía de estados del Ser y el problema del mal; pero intentar su desarrollo ahora nos llevaría demasiado lejos. Así que esperamos retomar esta cuestión en otro momento.

Como sea, y para resumir todo lo dicho, en la experiencia angélica lo divino se hace presente para el hombre en una modalidad de aparición susceptible de ser reconocida por este último cuando está preparado para ello. Y esa es, precisamente, la función por excelencia de la mediación angélica. Y ese estado de ser intermedio, esa función mediatizadora en el orden de los seres, es también el núcleo del ser de los ángeles.

Por eso, las tradiciones religiosas y sapienciales de la humanidad han enseñado que el Absoluto, trascendente a toda determinación, y por lo tanto inaccesible en su esencial Mismidad, se manifiesta al hombre a través de ciertas mediaciones vivientes.

Sin embargo, el racionalismo y el agnosticismo al que ha sucumbido, al menos en gran parte, la cultura, ha llevado al menosprecio de esas mediaciones cuando no a su negación.

Dos formas habituales de negación de las mediaciones angélicas consisten en reducirlas, o bien a meras representaciones de estados psicológicos humanos, o bien a no ser sino las expresiones plásticas y ‘antropomórficas' de ciertas ideas abstractas.

Ahora bien, o se extienden las nociones de 'humano', de 'psiquismo' y de 'idea', a niveles ontológicos y gnoseológicos muy distintos, y superiores, a los que esas nociones tienen de ordinario, o las reducciones aludidas constituyen un completo desatino que en el fondo no hace sino encubrir un agnosticismo, sea éste consciente o no.

Pero por otro lado existe, especialmente en nuestros días y asociado al fenómeno cultural denominado ‘new age’, la distorsión inversa: una reivindicación desordenada de las realidades angélicas.

Por eso queremos aclarar que este blog no apoya ninguna suerte de religiosidad de los ángeles que se quiera independiente de los principios últimos a los cuales sirven, justamente, de mediación. Puesto que una religiosidad como esa separa las realidades angélicas de su fundamento; y por ello puede derivar en serias distorsiones, y hasta, en los peores casos, abrir la puerta a influencias demoníacas.

De modo que así como es importante la conciencia de las mediaciones, también es importante mantener, en el mismo horizonte, la conciencia del Principio que las unifica y les otorga su verdadero sentido.

Por último, queremos señalar que en este post sólo nos hemos referido a las teofanías en lo que podría denominarse, ad hoc, su lado celeste. Es decir, la relación del ángel con lo divino. Pero la noción de teofanía no está completa si no se aborda su lado terrestre.

De modo que en la próxima entrega esperamos poder tratar de la relación entre el ángel y el hombre; y de modo más específico de eso que Henry Corbin y Eugenio D’Ors llamaron el ‘rol pedagógico’ del ángel en la realización espiritual humana. Por esta vez terminamos.


Referencias:

-Tanto el epígrafe como las restantes citas de Henry Corbin que aparecen en el post pertenecen a su estudio ‘Necesidad de la angelología’, incluido junto a otros trabajos del autor en el volumen ‘La paradoja del monoteísmo’ {ed. Losada, Madrid - Bs. As.}.

Cabe señalar que ese es un estudio imprescindible para quien se interesa en la angelosofía, y que la noción de teofanía angélica es abordada ahí en un marco mucho más amplio y con mayor profundidad que aquí.

-Las palabras de Edvokimov pertenecen a su texto ‘Los ángeles son mensajeros’, incluido en el volumen de varios autores titulado ‘Ángeles en el pensamiento de teólogos y filósofos contemporáneos’ {ed. Lumen, Bs. As. – México}.

-La cita del Zohar la tomamos de la selección de textos del mismo realizada por Ariel Bensión y publicada con el título ‘El Zohar, Revelaciones del libro del esplendor’ {ed. Olañeta, Barcelona}.

-Las palabras de Jámblico pertenecen a su obra ‘Sobre los misterios egipcios’ {ed. Gredos, España}. Existe una versión digital disponible en Internet (Enlace al texto)

-La dos citas de M. J. Luzzatto pertenecen a su obra ‘La sabiduría del alma’ {ed. Obelisco, Barcelona}.

-El análisis de Federico Schelling sobre el Ángel de YHVH y los dos nombres divinos se encuentra en su obra ‘Las edades del mundo’, versión 1815 {ed. Akal, Madrid}.

Por nuestra parte hemos publicado en Internet una breve reseña crítica de ese texto de Schelling (Enlace al texto)

-Todos los pasajes bíblicos fueron tomados de la ‘Torat Emet’ edición hebreo-español con traducción de Rubén Sigal {ed. Keter Torá, Bs. As.}.

Cabe señalar que las traducciones de la versión latina de la Biblia, de uso en el mundo cristiano, permiten reconocer con total claridad los temas aquí tratados.

jueves, 2 de agosto de 2012

Presentación

Con este post inauguramos un blog en el cual intentaremos preguntarnos, investigar y pensar acerca de eso que Henry Corbin denominó en cierta ocasión la  'angelosofía'.

Pero angelosofía, literalmente 'sabiduría sobre los ángeles', no alude aquí a un saber del que creamos disponer sino a un camino de búsqueda acerca del sentido de las mediaciones por las cuales los humanos nos relacionamos con lo divino 

Mediaciones sin las cuales lo divino sería para nosotros lo absoluto inescrutable, del cual nada podríamos decir, y con el cual no podríamos, de ninguna manera, entrar en relación.

Pues, como dijo el mismo Corbin:

"El Ángel es el hermeneuta, el mensajero, de luz que anuncia e interpreta los misterios divinos. Sin su mediación, no podríamos saber ni decir nada de ellos."

Es decir, sin mediación, lo divino sólo puede ser Deus absconditus, la Noche primordial del orfismo, el Ain Sof de la teosofía judía; algo que permanece para nosotros, y para todo, absolutamente incognoscible. Pero, por lo mismo, en un sentido muy estricto, eso no es Dios sino el Abismo.     

De modo que sin las mediaciones, sin la conciencia de las mediaciones entre lo divino y lo humano, estaríamos irremediablemente perdidos respecto al significado y la finalidad trascendente de nuestra propia existencia. Estaríamos aislados y solos. 

En el orden teórico, la angelosofía se abre a un campo extenso y complejo cuestiones que involucra aspectos metafísicos, cosmológicos,  antropológicos y escatológicos. Y además, aumentando su complejidad, atraviesa lateralmente, por decirlo así, a tradiciones de sabiduría tan diferentes como la gnosis de los antiguos sabios griegos, el judaísmo, el cristianismo, el Islam, el budismo, el vudú afro caribeño, y otras.       

Por lo cual,  trataremos aquí en Pleroma de articular algunas de aquellas cuestiones; pero con clara conciencia de que nunca estaremos realmente a la altura del tema que nos hemos propuesto investigar.  

Por último, digamos unas pocas palabras acerca del nombre del blog: 'pleroma' es un término de origen griego que significa, conforme a la gnosis neoplatónica, y tiene  significados análogos en otras tradiciones, totalidad y plenitud.

Y lo hemos elegido para este espacio porque una de las funciones de la mediación angélica es, justamente, la de propiciar la reintegración de las existencias, diferenciadas y múltiples,  en la totalidad divina que las unifica, perfecciona y libera del antagonismo y de la muerte.  

Ahora, sólo nos resta invitar al lector que lo desee a acompañarnos en la experiencia.  Trataremos de mantener un ritmo mensual de entregas; aunque, por supuesto, ese ritmo puede variar, en más o en menos, por diversas razones.


Referencias:
La cita de Proclo que sirve de subtítulo al blog pertenece a su escrito "Sobre el arte hierático"; y la tomamos de la versión inglesa de Stephen Ronan. Esa versión se encuentra disponible en Internet:  Ir al texto

Las palabras de Henry Corbin pertenecen a su ensayo "De la necesidad de la angelología", publicado junto a otros ensayos, con el título "La paradoja del monoteísmo" {ed. Losada, Madrid-Bs. As.}.